Jean Degottex. El Genio Olvidado.

29 de enero de 2026. Texto por Suso Barciela. Piece with artist magazine.


La historia del arte a veces juega al escondite con ciertos nombres, manteniéndolos en el olvido más absoluto. Jean Degottex (Sathonay-Camp, Francia, 1918 — París, Francia, 1988) es uno de esos artistas que merecen ocupar la primera línea de cualquier conversación sobre abstracción, pero que, por caprichos del destino y de la crítica, ha permanecido en una sombra e invisibilidad injustas, casi crueles.

Jean Degottex frente a Hagakure X (Noviembre, 1957)

Degottex llegó a París siendo apenas un adolescente en 1933. Un joven de provincias aterrizaba en la capital mundial del arte en un momento en que las vanguardias ni siquiera sabían que lo eran. Entre unas cosas y otras, no empezó a pintar hasta cinco años después, pero rápidamente encontró su camino en el lenguaje abstracto geométrico, que más tarde evolucionó hacia algo mucho más íntimo y personal. Lo que realmente hace único a Degottex es su manera casi mística de entender la pintura. Aunque bebió del budismo Zen y del surrealismo de André Masson, creó algo completamente propio. Para él, la pintura era vital, y recuerdo una frase suya que captura precisamente ese pensamiento: “Me gustaría que mi pintura fuera una respiración más profunda”, decía.

Vivió de 1918 a 1988, siendo testigo de las transformaciones más radicales del arte occidental. Incluso en sus últimos años, en los 70 y 80, continuó evolucionando sin perder su esencia — algo que pocos artistas consiguen. Lo más injusto de su relativa oscuridad es que fue un adelantado a su tiempo; su arte ya hablaba de temas hoy centrales: el diálogo entre culturas, la espiritualidad libre, la expresión minimalista, la tensión entre lo tradicional y lo nuevo.

Dentro del informalismo europeo y el expresionismo abstracto, Degottex siempre ha brillado con luz propia, aunque pocos la reconocieran o la reconozcan. Formó parte de ese movimiento que Michel Tapié denominó “Un art autre” en 1952, que se extendió por Europa, América y Japón. En cada uno de sus trazos había un eco de la caligrafía oriental, una conexión que se fortaleció enormemente tras su viaje a Japón, que marcó un antes y un después, transformando para siempre su manera de ver y hacer arte.

Finis Terrae. Jean Degottex (1956)

Para él, la caligrafía no era meramente un recurso estético, sino una práctica espiritual. Su obra se fundamenta en la filosofía Zen, el action painting y la caligrafía china, y esta base se traduce en trabajos donde cada trazo vive, donde el silencio dialoga con la presencia del gesto. Técnicamente hablando, Degottex desarrolló un vocabulario propio que lo distingue claramente de sus contemporáneos. Su obra mostraba la precisión del trazo único, la economía de medios orientales que dice más con menos, y su estilo es sencillamente inconfundible. Las obras de la serie “Yugen” (un concepto japonés que alude a la belleza sutil e inefable) son ejemplos perfectos de este enfoque: espacios mínimos donde cada elemento tiene su razón de ser, donde nada sobra y todo es esencial.

Es triste que la historia haya sido tan injusta con él, pues lo considero uno de los grandes de la abstracción de la segunda mitad del siglo XX. Su acercamiento al arte era único, buscando lo sublime a través de la contemplación y la síntesis.

Être la Mer. Jean Degottex (1954)

En el contexto del informalismo europeo, Degottex representa una vía singular que merece ser reconsiderada. Su obra no es simplemente una variante francesa del expresionismo abstracto americano, sino una propuesta autónoma que bebe de fuentes completamente distintas y alcanza sus propias conclusiones. La influencia del Zen no es decorativa en su trabajo, sino estructural: determina no solo qué pinta, sino cómo pinta y por qué pinta… Por eso, hablar hoy de Jean Degottex es reivindicar a una figura que la historia del arte debe rescatar del injusto lugar secundario al que lo ha relegado. Su obra constituye un capítulo fundamental para entender no solo el devenir de la abstracción europea, sino también las posibilidades expresivas que esta abrió. La historiografía debe ser justa y no olvidarlo.

L’Espace dérobé. Jean Degottex (Octubre, 1955). Centro Pompidou.



Piece with Artist MAGAZINE © enero 2026


0
Your Cart
Your cart is emptyReturn to Shop
Calculate Shipping